PARTICIPANTES

Teófilo Milán Cuesta: Es natural de Fuencaliente de Valdelucio (Burgos). Licenciado en Filosofía y Letras, ha sido profesor de Enseñanzas
Medias en Madrid, País Vasco y Andalucía y en la provincia de Burgos,  en Aranda, Lerma y finalmente en Burgos, en el Instituto Comuneros de Castilla donde impartía la asignatura de “Lengua y Literatura española”.
De familia le viene su afición, ya que Teófilo es hermano de Acindino Millán, Primer Premio del Décimo Octavo Certamen Internacional de Poesía Barcarola.
La poesía de Teo Millán sondea problemas humanos de máximo interés, referentes a los vaivenes del tiempo, a las contradicciones del hombre frente a los enigmas del destino, destilando en su poemario desde una fina ironía, casi burlesca, hasta las más profundas y tiernas reflexiones.

P. Bernardo Recaredo García Pintado: Natural de Quiñones del Río (León), el Padre Bernardo, no sólo es poeta consumado, sino músico y compositor.
Se forma en Argentina y en Chile y en la ciudad Bonaerense imparte docencia durante 27 años hasta que es trasladado a Silos.
Ha publicado numerosos artículos literarios en diversas revistas y es autor de varios libros, además de director de la revista “Glosas Silenses”, del propio monasterio de Silos.
Entre sus obras poéticas destacan Canto Silense y Máteme tu hermosura. Basilio Rodríguez Cañada, gran conocedor de su poesía, dice de la primera que es “reflexión, b
úsqueda introspectiva, canto místico, celebración de la alegría, retórica existencial y mirada clarividente”; y de la segunda “que es una invitación al amor, el guiño cómplice de un niño escondido en un hábito sagrado, que nos ayuda a eludir la tristeza de la monotonía y la frialdad de la muerte”.


Pilar Esteban Rodero: Licenciada en Ciencias de la Actividad Física y Licenciada en Psicología Clínica. Ha desempañado, entre otros, los
puestos docentes de Catedrática de Educación Física y Vicedirectora del IES Barañáin de Barañáin (Navarra), así como el de Inspectora de Educación en Navarra.
Su hermano Luis Esteban Rodero, del que leyó varios poemas, falleció de un terrible cáncer metastásico, con sólo 56 años, en mayo de 2001.
Siempre prevaleció en él un sentido trágico de la vida. Su espiritualidad, su creatividad, su gran inteligencia y la curiosidad por todo aquello relacionado con el arte hicieron de él un autodidacta que nunca quiso ser “contaminado” por la técnica.